Eco-Viajes

Pessoa. Retrato de Almada Negreiros. 1954
Pessoa. Retrato de Almada Negreiros. 1954
En 1925, Fernando Pessoa escribió un libro breve e intenso dedicado a su Lisboa natal. No era un libro de poemas, ni de meditaciones o cuentos. Era, lisa y llamanamente, una guía en la que hacía un exhaustivo recorrido por Lisboa describiendo "lo que el turista debe ver". El librito fue descubierto entre sus papeles en 1992.

Pessoa poeta, Pessoa pensador y caminante melancólico por las calles de la capital portuguesa en las primeras décadas del siglo XX. Pessoa heterónimos. Pessoa-Lisboa. Sabemos del poeta portugués, uno de los más grandes de la literatura universal del
siglo pasado, que vivió la mayor parte de sus existencia en Lisboa, que recorrió sus calles incansablemente, que hizo de sus más ocultos rincones, de sus bares y cafés, de sus oscuras (y siniestras) oficinas, de sus redacciones de periódicos motivos materiales para sus poemas, para sus prosas meditativas, para sus artículos periodísticos… Pero, ¿cabría imaginar a un Fernando Pessoa dedicado a escribir una guía turística? Difícilmente. Casi nos parece un ejercicio imposible. Sin embargo, en 1925 decidió hacer realidad una idea que mantenía viva desde que, a los 17 años de edad (corría 1905), al regresar de Durbán (Sudáfrica), donde había residido con su familia durante parte de su adolescencia: quería escribir un libro totalizador sobre su país de nacimiento con un título más que ilustrativo: Todo sobre Portugal.



El libro quedó en proyecto salvo en un apartado: el referido a Lisboa. Así, acabó scribiendo, con un rigor que hermanaba la mirada del escritor con la del urbanista y la del guía de turismo, un librito titulado Lisboa. Lo que el turista debe ver. Se trata de una guía turística dotada de todos los ingredientes de ese tipo de publicaciones salvo las ilustraciones: sólo cuenta con un mapa de 1929. Es literatura de viajes en su esencia, en su esqueleto. El libro, que fue descubierto entre sus papeles en 1992 y publicado en Lisboa en ese mismo año, apareció en España en 1994 bajo el sello de la pequeña editorial Endymion y con prólogo y traducción de Rogelio Ordóñez Blanco.


Es un recorrido por la vieja ciudad de Lisboa que se inicia, no desde el interior del país, sino desde el mar, adentrándose por el estuario del Tajo: “A medida” –escribe—“que el barco avanza, el río se vuelve más estrecho, para luego ensancharse de nuevo, formando uno de los más amplios puertos naturales del mundo […]. Es entonces cuando, a la izquierda, las casas parecen agruparse vivazmente, como racimos sobre las colinas. Ahí está Lisboa”. Después nos llevará en automóvil por las calles, plazas y barrios de la ciudad y convertirá el coche en un ser vivo, en una suerte de avanzada del periplo al que nos invita: “Nuestro automóvil deja el Rossío”; “nos lleva rápidamente en dirección del Museo del Arte Antiguo”; “vuelve ahora hacia la avenida de la República”. No es el conductor quien lleva la batuta del viaje, sino el automóvil, dentro del cual el narrador va contando cuanto ve. Y lo hace con precisión milimétrica, de manera despojada y huyendo de todo afán “literario”. En el fondo refleja deseos propios del turista, se implica en ellos y los hace suyos. Así, frente a la Estación de ferrocarril: “El turista que haya llegado en barco o desembarcado aquí, en esta estación, está ahora en la zona adecuada para escoger hotel”.


Portada de las ediciones portuguesa (izquierda) y española de

la "guía lisboeta" de Pessoa

 

Tras seleccionar el hotel, vamos con Pessoa (y con el automóvil) a visitar el Hipódromo del Jockey Club, la Escuela de Bellas Artes, la plaza del Rossío, el Museo de Arte Contemporáneo, la Biblioteca Nacional, el Teatro San Carlos, tantos otros lugares que eludo enumerar para que el lector se haga con el libro y lo viva y lo use. Es preciso señalar,  sin embargo, que Pessoa no se limita a mostrarnos la Lisboa “noble”, aristocrática, cultural. Se acerca a los “barrios populosos e industriales”, a las zonas más desoladas de la ciudad como la cárcel de mujeres que es “conocida por Aljube” o la denominada “El limonero”, para hombres. También a sus miradores sobre el Tajo y el Atlántico, a la mítica Torre de Belém o al recogimiento del Mosteiro dos Jerónimos (Monasterio de los Jerónimos).

 

 

Lisboa en 1925, año en que Pessoa escribió su "guía"


 

Teatros, cafés, pastelerías, las huellas de las colonias…. Todo eso está en esta guía que el amante de la literatura de Pessoa y de la ciudad lisboeta no puede perderse. Y hay algo más: un capítulo dedicado a los periódicos de Lisboa como si de ciudades o barrios dentro de la ciudad se tratara. Ahí están los diarios que en la España de la pre-transición nos llegaron junto a la visión de la “revolución de los claveles”: el Jornal do Comercio e das Colónias; Diário de Notícias, O Mundo, O Século, entre otros muchos. Y un último capítulo dedicado a la belleza del paisaje más allá de Lisboa: “Una visita a Sintra, Vía Queluz”. En automóvil, por supuesto.




Pero no nos dejemos llevar por las urgencias urbanas de Pessoa a bordo de un coche de los años veinte. Para vivir a fondo su Lisboa hay que adentrarse en algunos de sus más hermosos poemas, que ya no son parte de esta “guía de viaje” y, sobre todo, convertir su Libro del desasosiego en libro de cabecera. Allí, sin las exigencias que demanda el turista, el genial escritor nos muestra la proteína de Lisboa, de cierta Lisboa, la que él vivió y depuro en sus días lentos de tabaco, oficina, café y escritura, la de sus seres anónimos, entrevistos desde el tranvía al observar a una mujer: “las vidas domésticas de los que viven su vida social en esas fábricas y en esas oficinas […] el alma de todos cuantos trabajaron para que esta mujer que tengo frente a mí en el tranvía use, en torno a su cuello mortal, la banalidad sinuosa de un hilo de seda verde oscuro sobre un paño de un verde menos oscuro”.