Eco-Viajes

Chupachús de queso de cabra con frambuesa (Cuerda) - Foto: Pepo Paz
Chupachús de queso de cabra con frambuesa (Cuerda) - Foto: Pepo Paz

Seguimos con nuestras pequeñas confidencias de viaje por España: en esta ocasión hemos descubierto un restaurante en una barriada de la ciudad de Albacete. No dejes de conocer de visitar el restaurante Cuerda, en Albacete, cocina de temporada con toques creativos.

Hace unos días comentaba con un chef amigo mi sorpresa tras pasar tres días trabajando en la capital albaceteña a fin de elaborar un reportaje sobre tapeo en esta ciudad. La tarea previa de búsqueda de información -que había consistido en husmear por los recovecos de la Red, escribir un par de correos y hacer otro par de llamadas- me había lanzado al campo de batalla con dos o tres conceptos básicos, todos erróneos, como comprobé luego sobre el terreno.

 

Mi amigo, chef que se las sabe todas, se lamentó amargamente del complejo andamiaje que montan asociaciones de empresarios de hostelería y concejales del ramo en torno a los anuales concursos de tapas en muchas de las capitales provinciales para, finalmente, conformarse con salir en la foto que hace la prensa local y seguir a otra cosa, mariposa. Y cuánta razón tenía...

 

En el caso de Albacete, que por estas fechas conmemora el primer año de su incoporación al selecto (y creciente) grupo de ciudades AVE españolas, mis malentendidos venían, precisamente, de una información sesgada obtenida de reseñas de prensa, blogs gastronómicos y silencios administrativos (que es lo que uno suele obtener cuando pregunta por algo tan extraño como información sobre el tapeo de una ciudad en una de sus oficinas de turismo).

 

De mis tres malentendidos (a saber, primero, en Albacete a la "ración" le llaman "tapa" y al "pincho", "aperitivo", segundo, los bares donde sólo expenden "raciones" se llaman "taperías" -y llenan toda la ciudad-, y tercero, sólo se tapea en la "Zona", que es como se conoce al entramado de calles comerciales y de marcha nocturna que se sitúan cerca de la plaza del Altozano y de la catedral, aprox.), necesité otros tres días de pateo intenso para salir a la realidad.

 

Y esta inmersión en la fría (que no cruda) realidad del mes de diciembre albaceteño me descubrió, para mi suerte, un local que merced a la nula tarea de comunicación exterior de los organizadores del citado certamen anual de tapas (que, al parecer, sólo sirve para engordar por unos días las cajas de los establecimientos participantes y poco más), no aparecía en ninguna de mis listas de preseleccionados.

 

Me refiero al restaurante Cuerda (Gracia, 8), situado a trasmano de todo, en una barriada popular cercana a la plaza de toros, la de El Pilar. Los hermanos Antonio y Paco Cuerda heredaron el local de sus padres, abierto en 1973, y desde el pasado verano -y tras un segundo lavado de cara- le han dado un aspecto impecable e inaudito: la pregunta es ¿qué hace un restaurante como el vuestro en un sitio como este?

 

En su extensa carta, que ofrece un menú diario por 15 € con todas sus garantías, hay hueco para la carne sin hueso y la cuchara, para la tradición manchega y lo creativo, para el pescado, el marisco, las tostadas y los postres de la casa. Una delicia escondida.

 

Pero, hablando como empezamos esta entrada de tapas, y fijándonos en la creatividad de Antonio Cuerda al frente de los fogones, ahí van unas pinceladas (todas los pinchos, entre 1,50 € y 4 €): del Chupachús de queso de cabra con frambuesa (1,50 €) al Blini manchego (3,50 €), una tortita de gazpacho con el típico atascaburras (puré de patata con bacalao) y azafrán, y el Miguelito cuerda con salsa de setas (4 €).

 

La recomendación es clara: si visitas Albacete, olvídate de la propaganda oficial, rompe con las rutas establecidas y reserva mesa en el restaurante Cuerda. Tu bolsillo y, sobre todo, tu estómago, te lo agradecerán. Fijo.