Eco-Viajes

Dehesas extremeñas desde el bus - Fotos: Pepo Paz
Dehesas extremeñas desde el bus - Fotos: Pepo Paz
Una reivindicación del viaje como manera de ver, de mirar a nuestro alrededor. Y de la fotografía como la captura de los pequeños instantes que transforman cualquier desplazamiento en un viaje único. Frente a la tiranía de la modernidad: la ventanilla como alternativa a la Instagram.

 

Me gusta mirarlo todo cuando viajo. Esto me recuerda a un libro de John Berger titulado Modos de ver que publicó, hace ya muchos años, una editorial mítica: Gustavo Gili. El escritor londinense habla en él sobre el papel que juega la vista como primer estímulo, antes de la producción de palabras. Un pequeño manual de uso para aquellos que nos ganamos la vida viajando, mirando a nuestro alrededor y contándolo luego con fotografías y con textos.

 

 

 


 

Me gusta viajar en autobús y no dejar de mirar. Y encuentro cierto placer en tomar fotos rápidas, en modo automático; fotos que recojan la velocidad del vehículo y la lentitud del paisaje. Instantáneas de ventanilla que nunca saldrán publicadas en ninguna revista pero que atrapan a la perfección la magia de cada momento. Esa magia que luego en la tranquilidad de mi rincón, frente al ordenador, me ayuda a recomponer los pasos del trayecto con palabras que cuenten el viaje. Contar a los demás, con imágenes o con palabras: that’s the question.

 

 

 

Viajar en autobús tiene sus ventajas: primero te permite atender a lo que te rodea sin preocuparte de los vaivenes del asfalto. Cuando uno viaja habitualmente conduciendo un coche sabe bien a lo que me refiero. Reivindicación del viaje como una suma de instantes, no como el tiempo mayor o menor que se tarda en llegar a un destino. Los nudos que conforman la cuerda.

 

 


 

Pero es que viajar en autobús ofrece, además, una panorámica del entorno elevada y muy diferente a la que se tiene desde las ventanillas de un coche: y, si no es lo mismo lo que se ve, difícilmente será lo mismo lo que se cuente.

 

 


Cuando viajo por mi cuenta detengo el vehículo una y mil veces para tomar fotografías. Encuadre, composición, velocidad. Disparar desde la ventanilla del bus te permite romper un poco la compostura. Sin mayores pretensiones. Aguzar los sentidos. Degustar el viaje. Estar siempre alerta por la foto imposible. Algo parecido a lo que deben sentir los devotos de Instagram. Supongo.

 

 

 

Nota: las fotos de este post las tomé el pasado fin de semana durante un press trip por la provincia de Cáceres. Por supuesto, desde la ventana del microbús que nos llevó de Monfragüe a Plasencia, Trujillo y Guadalupe.