Eco-Viajes

Carretera CV-589 en el término de Millares - Foto Pepo Paz
Carretera CV-589 en el término de Millares - Foto Pepo Paz

Es tiempo de reivindicar las carreteras secundarias, los trazados repletos de curvas y soledades, los horizontes inalcanzables y los pueblos situados a la vera de ellas. El título de la célebre novela del escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón da pie a la reflexión bloggera de Pepo Paz en su recorrido por el Macizo del Caroig, en el interior de la provincia de Valencia.

Leí la novela de Ignacio Martínez de Pisón a mediados de los noventa, cuando se publicó originalmente. Carreteras secundarias era su título. No recuerdo bien la trama aunque sí algunas imágenes de la película que luego rodó, basada en ella, Martínez Lázaro. Pese a que siempre pensé que el trabajo de localización de esos itinerarios que llevan a los dos personajes, padre e hijo, a recorrer Aragón y Cataluña podían haberse seleccionado mejor (para ubicar en su justo ambito temporal la cinta, a mediados de los setenta), durante estos años, sin embargo, me he convertido en un devorador de kilómetros a través de esas marginadas que con tan buen tino eligió como título de su obra el narrador aragonés.

 

Siempre que puedo selecciono para los itinerarios de mis reportajes las carreteras secundarias. En un tiempo en que las autovías han cuadriculado el país y terminado por convertir los desplazamientos en una ecuación donde sólo importa el factor y, es decir, lo que se tarda en llegar de A a B, las carreteras secundarias suponen una reivindicación del viaje como reconocimiento de un paisaje y de sus gentes. Una tarea irrenunciable para el viajero vocacional.

 

Ahora, desde la soledad de un hotel de Bocairent (Valencia) donde soy el único inquilino en esta noche de viernes de un inviermo que huele ya demasiado a primavera, repaso las fotografías tomadas a lo largo de la jornada de hoy en un recorrido que me ha llevado por unos horizontes desconocidos: los que se tienden desde Buñol hasta la Canal de Navarrés atravesando el cauce del Júcar y la Muela de Cortés. Es el macizo del Caroig, el alma interior de una provincia tan sorprendente y vapuleada como la valenciana, un universo de apretados cañones calizos y altos cielos. De infinitas soledades y multitud de curvas.


 

Durante el agotador recorrido me hubiera gustado visitar algunos de los abrigos rocosos donde pueden verse pinturas rupestres (declaradas, junto con el resto del arte rupestre levantino Patrimonio de la Humanidad por la Unesco). Pero las visitas a la Cueva de la Araña, cerca de Bicorp, hay que concertarlas en el Ecomuseo (Tel. 96 226 94 03), y no se realizan el último fin de semana de cada mes. Justo en el que nos encontramos. Como alternativa he podido patearme el yacimiento de icnitas de El Tambuc, entre Millares y Bicorp, a cielo abierto y sobre el lecho pedregoso de un cauce seco. Una multitud de huellas y rastros de dinosaurios del Cretácico Superior que lo convierten en el mejor de la Comunidad Valenciana en este género.

 

Es tiempo de reivindicar las carreteras secundarias, los trazados repletos de curvas y soledades, los horizontes inalcanzables y, sobre todo, esos pueblos situados a la vera de ellas donde sigue latiendo el corazón agrario del país y sobreviven, como auténticos numantinos, un puñado de irreductibles. Aunque sólo sea por ellos. Y la CV-580 es, durante kilómetros y kilómetros de agrestes paisajes, uno de esos itinerarios imprescindibles donde sentirse extraño y emocionado a la vez.