Eco-Viajes

Portada de la edición última de la editorial Edelvives
Portada de la edición última de la editorial Edelvives
La pasión por el viaje tiene su germen en la infancia y en los libros. Imaginar mundos diversos y distantes. Huir de la realidad cotidiana por unos días o unas horas. Descifrar el paisaje con lecturas. El libro "A través de España", publicado por la editorial Edelvives, me ha acompañado inconscientemente a lo largo de estos años. Fregenal de la Sierra, su destino.

La pasión por el viaje tiene su germen en la infancia y en los libros. Libros escolares en una casa familiar donde apenas tenían cabida las colecciones de Salvat y Editorial Libra (ésta última con una selección de clásicos del XIX traducidos que es una joya en cien sorbos). Leer e imaginar mundos diversos y distantes. Huir de la realidad cotidiana por unos días o unas horas. Evocar paisajes y epopeyas. Vivir otras vidas.

 

De aquella infancia en un país de falangistas y sotanas, extrarradios en barbecho y casas bajas por donde pululaban el fantasma de El Lute -por cierto, hace unas semanas degusté en sesión continua en algún canal de la tdt las dos cintas, magníficas, que Vicente Aranda rodó sobre el personaje del quinqui-, y la presencia no menos fantasmal y contundente de la Político-Social, me viene el regusto por el viaje. Lo voy a explicar.

 

Hace un puñado de días regresé por trabajo al sur de la provincia de Badajoz. A un abigarrado caserío de casas enjabelgadas y tejados rojos rodeado por encinas y alcornoques, casi en la linde con Huelva y la Raya portuguesa: Fregenal de la Sierra. El mismo pueblo que en las tardes añosas de la infancia los dos pequeños héroes huérfanos de mis lecturas escolares tenían que alcanzar para volver al hogar, a la seguridad, a la familia. Ellos se llamaban Gonzalo y Antonio. El libro, "A través de España", publicado por la editorial Edelvives. Todo un catecismo inoculado en nuestras cabezas que me ha acompañado inconscientemente a lo largo de años y al que, en buena medida, le debo esta insaciable necesidad de recorrer el país (y fotografiarlo) en busca de no se sabe qué.

 

La Wikipedia todo lo ilumina. Y me desvela en esta mañana que ya anuncia el otoño de 2014, con el advenimiento de la Ley Wert en las aulas de nuestros hijos, que el libro se publicó por vez primera en el año 1928 a imagen y semejanza de otro que había irradiado patriotismo en la vecina Francia, "Le tour de la France par doux enfants", de la escritora Augustine Fouillée. "El libro de España", obra de Fray Justo Pérez de Urbel, monje benedictino, se concibió a imagen y semejanza del francés, vamos, casi un cut & paste, como libro de lectura escolar y triunfó en las aulas a finales de la década de los años veinte y comienzos de los treinta. La fórmula resultó ser tan poderosa como elemento de propaganda que tras la Guerra Civil el estado nacional-catolocista incorporó a sus páginas los iconos de la gloriosa cruzada, demonizó a los malvados rojos, y lo imbuyó a varias generaciones de sumisos escolares. Glubs.

 

Síntesis. Gonzalo, diez años, y Antonio, quince, huérfanos de guerra, tienen que regresar a la patria desde Francia en busca de un tío que les acogerá. En un periplo repleto de inesperados incidentes que retrasan, una y otra vez, la llegada a su destino, los dos chavales recorren el país descubriendo la bondad de sus gentes y la grandeza de su patrimonio. Por muy mal que se ponga la cosa siempre aparecerá, en el último momento, la generosa y desinteresada ayuda de algún personaje que permite continuar la epopeya de los hermanos. Creo recordar que el viaje no acababa en Sevilla, destino inicial del mismo, sino en Fregenal de la Sierra, donde al fin alcanzan al tío y, se supone, comienzan su nueva vida. Ese mismo Fregenal que ya desde entonces quedó grabado en mi memoria y al que regresé la pasada semana en un día de estío con las calles desiertas y las sombras fugaces.

 

En la distancia que dan los años no me preocupa endulzar mis recuerdos con las instantáneas de aquel viaje literario por las carreteras de un país en cuyas cunetas descansaban eterna y anónimamente los cuerpos de los olvidados o se ensalzaban las hazañas de los vencedores. Me preocupa mucho más la puesta en marcha de una enésima Ley de Educación, la Ley Wert, que tutelará durante los dos próximos años la educación de mis hijos y de cuyas lecturas y actitudes, cruciales, dependerá en buena medida su formación como personas. Me preocupa, y mucho, el viaje que inician. Y que el país en el que nacieron y viven no se convierta, definitivamente, en una trampa.