Eco-Viajes

Cigüenas en el campanario de Santa María - Captura de pantalla: Web Turismo Arévalo
Cigüenas en el campanario de Santa María - Captura de pantalla: Web Turismo Arévalo
El Gran Hermano de los naturalistas está entre nosotros hace tiempo, aunque muchos no lo supiéramos. Webcams que nos sirven para espiar y aprender, desde la comodidad de la pantalla de un ordenador o de una tablet. Para aficionados que detesten los madrugones y los largos paseos.

Confieso que hay mucho de voyeurismo en esto de espiar los nidos y madrigueras a través de las webcams: nada de extrañar en los tiempos del GH. No todos somos Frank de la Jungla, capaces de convertir perchas de la ropa en trampas para cazar serpientes o de engarzar con nuestros dedos, cual pinzas, la cabeza de cualquier bicho que nos tropecemos por el campo. De pequeño, en los ribeiros de mi infancia astur, aprendí a hacer esto último con las zampeñas, mientras las pobres blandían sus tenazas al cielo (más como defensa que por su firme intención de cerrarlas sobre mis dedos). Pero aún hoy sudo adrenalina cuando tengo que ponerle la zarpa encima a cualquier bicho viviente (excluidos los gatos). Así que ¿hay algo de malo en espiar a la cigüeñas en sus nidos o a los linces en su guarida desde la comodidad del salón de casa?





La posibilidad, por novedosa, me deslumbró hace ya casi tres lustros en Arnedillo (La Rioja), durante mi primera visita al Centro de Interpretación y Observación del Buitre Leonado. El Centro obtuvo, en 2002, el primer premio "Turismo Sostenible en Espacios Naturales Protegidos" concedido por la Asociación Europea de Espacios Naturales. Además de los habituales paneles en los que se relatan las peripecias de la vida de estas grandes rapaces (y donde aprendí que los buitres tienen cierto apego a la nostalgia, pues regresan tras un periplo africano que dura años hasta los cantiles ibéricos donde nacieron para reproducirse) habían colocado unas cámaras para espiar los nidos en época de cría.





La cámara, orientada al roquedo bajo el que discurren las aguas del Cidacos, era una iniciativa pionera que permitía estudiar el comportamiento de las rapaces sin alterar sus costumbres y que hace sólo unas semanas reencontré en la comarca de La Moraña abulense, un paraíso para las aves esteparias (con la esquiva avutarda a la cabeza). La torre de la iglesia mudéjar de Santa María, ubicada en uno de los extremos de la Plaza de la Villa de Arévalo, alberga tres nidos de cigüeñas que se pueden obervar a tiempo real y durante 24 horas desde un enlace situado en la web de Turismo de la localidad. Una gozosa delicia.





Así que rastreando por Internet otras posibles webcams naturalistas fui a dar con la que tienen activa en el Centro de Cría del Lince Ibérico en Doñana (Huelva). A través de ella pueden verse corretear crías del felino y el comportamiento maternal de la hembra. Hay una compleja red de webcams instaladas por el CSIC en todo el espacio natural. Y sólo hay que darle al ratón y contemplar la pantalla del ordenador. Cotillea en el nido de un águila pescadora en Escocia o en la de águila perdicera en el Parc del Garraf (Barcelona). Una manera excelente de acercar la naturaleza al viajero urbanita de nuestros tiempos ¿no os parece?